viernes, 19 de agosto de 2011

La Verdad.


plantéate una pregunta: ¿Por qué hay que decir la verdad? ¿Qué es lo que nos  ata a 
ella? ¿Y por qué creemos en realidad que la veracidad es una virtud? Imagínate que te 
topas con un loco que dice que es un pescado y que todos somos pescados. ¿Vas a 
discutir con él? ¿Te vas a desnudar delante de él para enseñarle que no tienes aletas? 
¿Le vas a decir a la cara lo que piensas? ¿Dime?


—Si no le dijeses más que la verdad, lo que realmente piensas de él, establecerías un 
diálogo en serio con un loco y tú mismo te convertirías en un loco. Y así es como funciona 
el mundo que nos rodea. Si insistiese en decirle la verdad a la cara, eso significaría que 
me lo tomo en serio. Y tomarse en serio algo tan poco serio significa perder la seriedad. 
Yo, tengo que mentir si no quiero tomarme en serio a los locos y convertirme yo 
mismo en uno de los locos.

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